Sólo en sueños aparecía tu mirada,
atascada en mi piel,
merodeando mi cama.
Olías mi fragilidad y la devorabas,
mordida a mordida me despojabas de la carne,
rasgabas mi soledad y la poseías despiadado,
me robabas el aliento y el alma
para después dejarme suspendida en el olvido de tus brazos.
Mis labios buscaban tus labios,
mis manos recorrían el vacío, arañaban el espacio.
De tu boca nació la luz que me cegaba,
tu lengua amordazó mi voluntad y me dejó sin habla,
y ahí quedaba, sola y perdida en tu olor,
en tu piel que se desvanecía en la obscuridad.
Todo acababa y el púrpura brotaba de mis poros,
suspendio yacía mi cuerpo seco,
en espera de ser tocado de nuevo por tus ojos.